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“Cuando las guitarras vuelven a rugir”

A Different  Kind Of Truth – Van Halen (2012)

Desde finales del 2011 se venia generando expectativa en relación a Van Halen por un simple motivo ; luego de pasados 28 años, retornaban con la formación que tiene a su haber (aunque suene sensacionalista) el momento mas brillante y mítico del grupo.  Con álbumes bajo su alero  de la talla de “1984” o “Van Halen I”. La inclusión de David Lee Roth en vocales, Eddie y Alex Van Halen en guitarra y batería respectivamente, mas Wolfgang (hijo de Eddie) de tan solo  21 años, quien entrara al bajo en reemplazo de Michael Anthony, nos entrega una visión revitalizada y desoxidada, de esa metralleta de hardrock que siempre fue la banda californiana.

El primer atisbo fue “Tatoo” un tema que si bien de primeras parecía algo forzado, donde los solos como el resto de las estructuras estaban algo desacoplados, mas un estribillo algo repetitivo, al dejarlo madurar se convierte en todo un single. Justificándose en un esquema extremadamente potente y crudo. Derivado de esta avanzada se extrajeron una serie de conjeturas que si bien mayormente eran favorables, también se intuye cierto aire anti-natural en el LP

Del nuevo material se pueden recoger una serie de veredictos al respecto. Primero, es indudable que este es un material tremendo y que les acomoda mucho como grupo , el tocarlo, revisitarlo etc, esto se deja ver en las interpretaciones de cada miembro, donde parecen hacer estallar cada instrumento . Segundo, se agradece de sobremanera la salida de este álbum, no solo como una justificación para salir de gira, ya que aun cuando incluye descartes, viejos temas arreglados recientemente y renovados para ser incluidos en esta placa, la dosis de estos riffs se deja notar en casi todos los temas, huelen a los 70’s destilan esa urgencia que bien pudo haber brillado hace 30 años. Sin embargo hemos de recordarlo, por algo fueron descartes en su momento. Tercero y ultimo, nada impide hacer tremendamente disfrutable la escucha de esta placa, no se trata solamente de una vieja banda que trata desesperadamente de aferrarse a un estatus perdido, mas bien al contrario el nivel que tienen les basta para refrendar cualquier duda que se pueda interponer en el camino de este hardrock de la vieja escuela. PERO (si lo hay) , falta ese ultimo puntapié, que haga de esta remozada versión 2012, entrar en el olimpo discográfico del ahora cuarteto. No esta esa punta de lanza que nos vuele la cabeza, simplemente genera un ¡Wow es bueno!, pero ahí queda.

Ósea disfrútelo, no lo piense mucho ni le de demasiadas vueltas desmadejar la ya tormentosa mezcla de elementos que es esta banda, es una rotunda perdida de tiempo habiendo un trasfondo tan excitante tras esto y ya pasadas unas cuantas escuchas “Tatto” se vuelca de lleno en nuestra sangre, “Stay Frosty” provoca cierta sensación de frescura, jugando elegante (y efectivamente) entre la dimensión acústica y lo mas eléctrico. O ese interesantísimo inicio de “China Town” hace que el vértigo devore por instantes a un escucha, que se ve atrapado en esta tremenda armatoste desoxidada. “Blood and Fire” con toda una cobertura ochentera, posee un de esos solos que de por si, justifican toda la canción casi tan animal como “Bullethead” y “As Is”, tremendas. Y lo mejor es que hay muchas mas con estas características, solo que van llegando poco a poco y una tras otra.

En si esta “verdad alterna” a la que hace referencia el titulo de la placa, se transforma en toda una vorágine. No alcanza para decir que Van Halen esta pasando una tremenda vejez, sin embargo esta armazón le queda muy bien y se notan muchas mas ganas y energía en ejecución. Buen disco, buena excusa y de los retornos mas saludables de los que tenga memoria en los últimos años . Como decía el titulo de un libro dedicado a los Stones y que me parece mas que apropiado para esta ocasión: “Los viejos dioses nunca mueren”..

   Por Francisco Silva

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El incuestionable fenómeno de lo anacrónico


Paul Mc Cartney – Kisses On The Bottom (2012)

Transcurrida  una cifra cercana al medio siglo de carrera, uno  podría esperar toparse con esta clase de cosas. Porque ¿para que andamos con cuentos?. Difícilmente Paul McCartney tenga que rendirle cuentas a nadie sobre su calidad artística o bien, tener que refrendar o justificar lanzamientos de discos. Sin embargo, ello no disminuye el impacto ( decepcionante) que provoca esta placa 2012, de una de esas pocas leyendas vivientes que van quedando en este milenio de héroes caídos.

De aires aletargados que hilan atmosferas lentas y cierto dejo de invitación a imaginarse otros tiempos, es tal vez el principal y único  efecto visible en “Kisses on the Button”. Un resultado que ya se veía venir con algo de temor por parte de los oyentes cuando el bajista anunciara un LP completamente dedicado a rendir honor a las canciones que oía su padre. Es decir un viaje directo a piezas perdidas en el tiempo, por allá en las décadas más jóvenes del siglo pasado, donde la urgencia era difícilmente uno de los factores que más preocupase a los compositores de música popular. Y es que evidentemente no decanta por el lado del Blues u otro género mas acelerado, sino por una especie de Music Hall algo desaliñada.

Y es lo anacrónico en las canciones lo que realmente no contribuye a salvar de la quietud absoluta a la placa (por no decir aburrimiento), es que pese a contar con colaboradores de nivel incuestionable (Stevie Wonder y Eric Clapton) los arreglos no bastan. Porque no es en las formas donde reside la desidia de los temas, sino de lleno en su fondo.

Desde  “I’m Gonna Sit Right Down and Write Myself a Letter” y el piano melodioso y a ratos ludico que guía toda la canción, se entiende el suburbio en el cual se interna el cancionero. Sin ser demasiado propositivo pero con una atmosfera de relajo entrañable es difícil negar que logra transmitir la sensación hogareña que pretendía, lo malo es que la misma línea se vera reiterada por al menos todo el disco ¿entonces? No se puede estar sumergido en esquemas de letargo por 40 minutos, por muy relajante que resulte al principio. De todos modos hay secciones que se hacen muy disfrutables como ese aroma jazzy que lleva impregnado “Ac-Cent-Tchu-Ate-Positive” o la que le sigue en elegancia “My Valentine” de una notable marca sofisticada, esta canción tiene la  colaboración de Eric Clapton quien le dota de ciertos  colores bellísimos.

Lo demás son una serie de detalles que se agolpan sutiles en los tracks sin lograr solventarlos. Digamos, lo lúdico de “My very  good friend the milkman”, la orquestación de “Bye bye blackbird”, ese guitarreo sugestivo al iniciar “Get yourself  another fool” , los coros de niños en “The inch worm” o la armónica de Stevie Wonder en “Only our heart”. Como detalles; “soberbios”  pero en el TODO no se cuajan en algo que escape  a la línea editorial de la placa ,que al ser tan marcada, ahoga cualquier tentativa.

Bueno Macca al igual que Ringo  (quien lanzara disco en enero) al parecer, han iniciado este 2012 con una clara nostalgia  por sus raíces en Liverpool, una retrospectivas que nos acerca a su visión mas entrañable, pero sin embargo no sabría decir si en algún momento nos consiguen contagiar de ella, mirar hacia atrás no siempre resulta en proyectos redondos. Con licencias y todo difícilmente el conjunto de melodías que vieron crecer a Macca sea recordado por mucho tiempo, pese a ello el buen Paul sigue ahí en la trinchera diciéndonos “aun tengo cosas por mostrar”. Sean estas relevantes o no, juzgue usted.

Por Francisco Silva