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El incuestionable fenómeno de lo anacrónico


Paul Mc Cartney – Kisses On The Bottom (2012)

Transcurrida  una cifra cercana al medio siglo de carrera, uno  podría esperar toparse con esta clase de cosas. Porque ¿para que andamos con cuentos?. Difícilmente Paul McCartney tenga que rendirle cuentas a nadie sobre su calidad artística o bien, tener que refrendar o justificar lanzamientos de discos. Sin embargo, ello no disminuye el impacto ( decepcionante) que provoca esta placa 2012, de una de esas pocas leyendas vivientes que van quedando en este milenio de héroes caídos.

De aires aletargados que hilan atmosferas lentas y cierto dejo de invitación a imaginarse otros tiempos, es tal vez el principal y único  efecto visible en “Kisses on the Button”. Un resultado que ya se veía venir con algo de temor por parte de los oyentes cuando el bajista anunciara un LP completamente dedicado a rendir honor a las canciones que oía su padre. Es decir un viaje directo a piezas perdidas en el tiempo, por allá en las décadas más jóvenes del siglo pasado, donde la urgencia era difícilmente uno de los factores que más preocupase a los compositores de música popular. Y es que evidentemente no decanta por el lado del Blues u otro género mas acelerado, sino por una especie de Music Hall algo desaliñada.

Y es lo anacrónico en las canciones lo que realmente no contribuye a salvar de la quietud absoluta a la placa (por no decir aburrimiento), es que pese a contar con colaboradores de nivel incuestionable (Stevie Wonder y Eric Clapton) los arreglos no bastan. Porque no es en las formas donde reside la desidia de los temas, sino de lleno en su fondo.

Desde  “I’m Gonna Sit Right Down and Write Myself a Letter” y el piano melodioso y a ratos ludico que guía toda la canción, se entiende el suburbio en el cual se interna el cancionero. Sin ser demasiado propositivo pero con una atmosfera de relajo entrañable es difícil negar que logra transmitir la sensación hogareña que pretendía, lo malo es que la misma línea se vera reiterada por al menos todo el disco ¿entonces? No se puede estar sumergido en esquemas de letargo por 40 minutos, por muy relajante que resulte al principio. De todos modos hay secciones que se hacen muy disfrutables como ese aroma jazzy que lleva impregnado “Ac-Cent-Tchu-Ate-Positive” o la que le sigue en elegancia “My Valentine” de una notable marca sofisticada, esta canción tiene la  colaboración de Eric Clapton quien le dota de ciertos  colores bellísimos.

Lo demás son una serie de detalles que se agolpan sutiles en los tracks sin lograr solventarlos. Digamos, lo lúdico de “My very  good friend the milkman”, la orquestación de “Bye bye blackbird”, ese guitarreo sugestivo al iniciar “Get yourself  another fool” , los coros de niños en “The inch worm” o la armónica de Stevie Wonder en “Only our heart”. Como detalles; “soberbios”  pero en el TODO no se cuajan en algo que escape  a la línea editorial de la placa ,que al ser tan marcada, ahoga cualquier tentativa.

Bueno Macca al igual que Ringo  (quien lanzara disco en enero) al parecer, han iniciado este 2012 con una clara nostalgia  por sus raíces en Liverpool, una retrospectivas que nos acerca a su visión mas entrañable, pero sin embargo no sabría decir si en algún momento nos consiguen contagiar de ella, mirar hacia atrás no siempre resulta en proyectos redondos. Con licencias y todo difícilmente el conjunto de melodías que vieron crecer a Macca sea recordado por mucho tiempo, pese a ello el buen Paul sigue ahí en la trinchera diciéndonos “aun tengo cosas por mostrar”. Sean estas relevantes o no, juzgue usted.

Por Francisco Silva

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